Cómo una Visita Odontológica de Rutina Salvó Mi Vida

En la primavera del 2014, cuando tenía 26 años, mi agenda estaba muy ocupada. Era una estudiante de tiempo completo que trabajaba para obtener la licenciatura en Gestión de Recursos Humanos, tenía un trabajo de tiempo completo y estaba planeando mi boda. No hace falta decir que era una persona sumamente ocupada con muchas cosas positivas y emocionantes en mi futuro.

Un día, mientras me cepillaba los dientes, noté que se habían desarrollado unas manchas blancas en la parte inferior izquierda de mi lengua. No me preocupé mucho porque no eran dolorosas y siempre había sido una persona muy sana. Verdaderamente saludable, solo recuerdo haber tenido gripe una vez después de la infancia.

Sabía que tenía que ir a mi cita odontológica rutinaria semestral en Mayo, así que pensé que, si las manchas no desaparecían, simplemente lo consultaría con el dentista. No podría ser nada demasiado grave.

Cuando asistí a la cita con el dentista, las manchas no parecían haber crecido en absoluto, así que nuevamente, seguí sin preocuparme. Mi dentista sugirió una biopsia solo por seguridad. También necesitaba que me extrajeran una muela del juicio, por lo que para mí no era gran cosa que lo hicieran al mismo tiempo. Me derivaron a un dentista que podría realizar estos procedimientos y programé la cita para un día a principios de Junio. Estaba nerviosa por la biopsia, no solo porque el cáncer es una palabra aterradora, sino también porque nunca me habían realizado ningún tipo de procedimiento en el que me administraran anestesia general.

Afortunadamente, todo salió bien. Salí del consultorio en menos de dos horas y me sentía bastante bien. Anulé todos los malos pensamientos que tenía. Unos días de comida blanda y un poco de Tylenol® y volvería a la normalidad, o eso pensaba.

Una Llamada Telefónica Fatídica

Que equivocada estaba. Dos semanas después recibí una llamada del dentista. Me dijo que habían recibido el resultado de mi informe patológico: era precanceroso. Me aseguró que esto era manejable y que, afortunadamente, lo habíamos detectado antes de que realmente se convirtiera en cáncer. Me derivó a un cirujano e inmediatamente programé mi consulta.

Mi cirugía estaba programada para el 28 de agosto del 2014 a las 7 a.m. Mi madre, mi prometido y yo teníamos que estar en el hospital a las 6 de la mañana para que me registraran y prepararan para la cirugía. Estaba bastante nerviosa, por decir lo menos. La última vez que pasé un tiempo en el hospital como paciente fue cuando nací.

Unas horas más tarde me desperté de la cirugía y me llevaron a una sala de recuperación, donde me administraron un medicamento para el dolor y me colocaron una bolsa de hielo en la cara. Luego de pasar un tiempo en recuperación, las enfermeras confirmaron que todos mis análisis estaban como deberían estar, y me dieron de alta del hospital.

Las primeras 24 horas después de la cirugía no fueron tan malas. Dormí mucho, tomé un poco de sopa y helado, y sentía un dolor mínimo (ya que todavía estaba anestesiada por la cirugía). Sin embargo, durante el fin de semana, una vez que el efecto del medicamento comenzó a desaparecer, el dolor se volvió mucho más intenso.

Después de la cirugía, en el área donde se extrajo una porción de mi lengua quedó una herida abierta, por lo que comer o beber cualquier cosa era sumamente doloroso. Solo podía consumir agua a temperatura ambiente sin sentir molestias.

Sumado al dolor, también tuve un malestar estomacal, debido a que estaba tomando medicamentos para el dolor y no podía comer nada. Así que terminé tomándome aproximadamente una semana de licencia laboral, que es más de lo que esperaba necesitar. No paraba de repetir que debía mantenerme fuerte, pronto terminaría y volvería al trabajo y ya no tendría que preocuparme por esto. Pronto terminaría.

Más Desafíos

Me equivoqué de nuevo. Dos semanas después de mi cirugía, recibí una llamada de mi cirujano. Quería que fuera a la consulta para que pudiéramos repasar el informe patológico de mi cirugía, y me sugirió que llevara a mi madre y a mi prometido.

Se me retorció el estómago. No te piden que vayas cuando todo parece estar bien, y no te piden que lleves a tu familia. Al reunirnos en la consulta, nos dio la noticia: el informe patológico mostró un tumor en la porción que extrajeron. Esto significaba resultados positivos para el carcinoma de células escamosas en etapa uno, o más simplemente, cáncer oral. Quedé aturdida.

¿Cómo era posible que tuviera cáncer oral? Nunca fumé ni mastiqué tabaco. Me cepillaba los dientes dos, ¡a veces tres veces al día! Nos dijo que probablemente se había extirpado todo en la primera cirugía, pero que no había forma de estar seguro sin realizar una segunda cirugía para ampliar el margen alrededor del lugar donde se encontró el tumor.

La idea de pasar por otra cirugía me destrozó por completo. No pude mantenerme firme por más tiempo y me derrumbé. Acababa de comenzar a comer comida de verdad hacía solo unos días, y empezaba a no sentir un dolor constante. ¿Y tenía que volver por más?

Una Enseñanza en la Sobrevivencia

Aprendí que, dependiendo de cuándo se encuentre el cáncer y de cuán eficientemente se elimine (o no), puede ser mortal. Incluso cuando la persona sobrevive, su vida puede verse muy afectada. A algunos sobrevivientes se les ha extirpado una porción de lengua tan grande que ya no pueden comer alimentos sólidos y les resulta muy difícil comunicarse verbalmente con los demás. Al enterarme de todo esto, junto con las mejores probabilidades de que el cáncer no reapareciera si me realizaban la segunda cirugía, supe que era verdaderamente mi única opción.

Esta vez, no solo iban a extirpar otra porción de mi lengua, sino que para evitar la propagación en caso de que el cáncer reapareciera, extirparían los ganglios linfáticos de mi cuello. Esta cirugía sería mucho más invasiva y tendría que permanecer en el hospital por algunos días.

Mi segunda cirugía estaba programada para el 25 de septiembre del 2014, a las 7 a.m. Tendría que tomarme otro mes de licencia laboral para recuperarme. Esta vez estaba aún más nerviosa; nunca antes había pasado una noche en el hospital. Pero la cirugía salió bien y la incisión en mi cuello fue planeada por expertos en armonía con los pliegues naturales de dicha región. Pasé cuatro días en el hospital y me dieron de alta aún teniendo el tubo de drenaje en el cuello.

Recuperación

Recuperación.

Estaba tan agradecida de que esta vez me suturaran la lengua, porque así pude consumir más que solo agua. La semana siguiente a la cirugía, regresé para que me quitaran el tubo y las suturas del cuello.

Pasé las siguientes cuatro semanas bebiendo muchos batidos de frutas y batidos proteicos para tratar de mantenerme saciada, y también para obtener las calorías y nutrientes que necesitaba para sanar y mantenerme saludable. Después de un mes en casa, finalmente me dieron la autorización para volver al trabajo.

Estaba tan feliz de comenzar volver a la normalidad. Pero tenía que limitar la cantidad de tiempo que podía hablar porque todavía estaba adolorida, y luego de ambas cirugías me faltaba casi 1/3 de la lengua. Tuve que pasar por sesiones de fisioterapia y terapia del habla que me ayudaron a recuperarme.

Ahora, pienso en todo lo que ha cambiado. Terminé la universidad y comencé a trabajar en un trabajo muy satisfactorio donde utilizo mi título y no puedo esperar a ver a dónde me llevara. Las cosas no funcionaron con los planes de matrimonio, pero eso es solo otra cosa difícil que he superado y por la cual soy una persona mejor y más fuerte. Mi habla ha mejorado hasta el punto en que la mayoría de las personas que me conocen por primera vez no notan el leve ceceo que yo noto al hablar. Tengo movilidad total de mi cuello y la cicatriz apenas se ve.

La Vida Continúa

Todavía me realizan escaneos y controles periódicos que siguen dando resultados negativos. Estaré eternamente agradecida con mi cirujano y su equipo, quienes me han tratado constantemente con amabilidad, respeto y preocupación genuina. También estoy muy agradecida de haberle mencionado las manchas a mi dentista en primer lugar.

Afortunadamente, pudimos manejar y extirpar todo con cirugía y no tuve que someterme a ningún tratamiento de quimioterapia o radiación. La detección temprana me salvó de eso, y es un gran motivo por el que me apasiona compartir mi historia con otras personas y hacer correr la voz de que el cáncer oral es algo que los jóvenes deben tener en cuenta ahora. Nunca descarto la idea de que debido a que tuve cáncer una vez, la probabilidad de tenerlo nuevamente puede ser mayor. Esa es solo una razón más para que me mantenga diligente en mi cuidado.

La revista Dear Doctor está muy agradecida con Brooke por permitirnos compartir su experiencia como sobreviviente del cáncer oral con nuestros lectores. Una versión de esta historia apareció por primera vez en el sitio web mindbodygreen (www.mindbodygreen.com).